Vivirás para siempre
La humanidad está frente a un punto de inflexión sin precedentes. La inteligencia artificial comienza a impactar de lleno en la medicina y podría impulsar el mayor aumento en la expectativa de vida desde que existen registros.
Para entender la magnitud de lo que viene, basta mirar el pasado. A comienzos del siglo XIX, la expectativa de vida promedio no superaba los 30 años. No era que todas las personas murieran jóvenes —figuras como José de San Martín alcanzaron edades avanzadas—, sino que la mortalidad infantil era devastadora: cerca del 43% de los niños moría antes de los cinco años, lo que arrastraba el promedio hacia abajo.
El primer gran salto llegó con el saneamiento urbano y la mejora en la alimentación. Hacia 1900, la expectativa de vida ya superaba los 32 años. A mediados del siglo XX, la aparición de antibióticos y vacunas marcó otro hito decisivo: en 1950, la media global alcanzó los 46 años. Desde entonces, los avances médicos, la calidad del agua y los sistemas de salud extendieron la vida promedio hasta los 72 años actuales, aunque con profundas desigualdades: mientras en Japón supera los 82 años, en regiones del África subsahariana ronda los 60.
Hoy, en el segundo cuarto del siglo XXI, se abre un nuevo capítulo. La inteligencia artificial ya mejora el diagnóstico temprano, optimiza tratamientos, asiste cirugías y acelera el desarrollo de fármacos. Algunos especialistas se animan a plantear escenarios de longevidades impensadas hace pocas décadas: 100, 120 o incluso 150 años.
El desafío no es solo biológico o tecnológico. En un mundo atravesado por desigualdades estructurales, la pregunta central es quiénes accederán a estos avances y quiénes quedarán al margen. La IA promete vidas más largas y saludables, pero también obliga a discutir cómo se distribuye ese futuro.