El plan era este
Durante meses se repitió una idea: que el gobierno de Javier Milei no tiene política científica, que no comprende el valor del conocimiento o que actúa por desconocimiento. Sin embargo, la sucesión de decisiones muestra otra cosa. Hay coherencia. Hay un rumbo.
La desactivación del desarrollo nuclear, los intentos de privatizar centrales atómicas e hidroeléctricas, la paralización del programa satelital, el desfinanciamiento de las universidades públicas y el corte casi total de los fondos destinados a la investigación científica no son hechos aislados. Forman parte de una estrategia que busca desmontar el sistema científico-tecnológico argentino, bajo el argumento de que “no funciona”.
Mientras el discurso del ajuste y la motosierra ocupó el centro de la escena, se avanzó sobre los pilares que sostienen el pensamiento crítico, la producción de conocimiento y la capacidad de desarrollo propio. Sobre un sistema debilitado, el proyecto apunta a consolidar un país sin ciencia, sin innovación y sin valor agregado.
El modelo que se perfila es claro: una economía basada casi exclusivamente en la exportación de materias primas —agro, hidrocarburos y minería— con mínima industrialización y dependencia tecnológica del exterior. Un país que compra casi todo, porque no produce, y resigna soberanía científica.
El resultado no es solo económico. Es cultural, político y social: una Argentina pensada para pocos, con menos conocimiento, menos futuro y cada vez más lejos de aquello que alguna vez fue motivo de orgullo colectivo.