La educación Presidencial.
La Educación Presidencial: Espejos rotos
Hay países a los que el Presidente admira. Modelos a imitar. Potencias a las que, según dice, deberíamos parecernos. Pero para parecerse a alguien, primero hay que entender su historia.
Estados Unidos se convirtió en la primera potencia mundial invirtiendo miles de millones en investigación científica. Aunque buena parte de esos fondos se destinó a la industria bélica, de ahí surgieron avances que hoy transforman la vida cotidiana: internet, inteligencia artificial, el GPS. Todas tecnologías nacidas al amparo del Estado.
Alemania, luego de perder la Segunda Guerra Mundial, usó los fondos del Plan Marshall para reconstruir su industria, apostar por la ciencia y transferir conocimiento al aparato productivo. Empresas como Siemens, BMW y Volkswagen fueron impulsadas por esa política. Décadas más tarde, el Estado alemán destinó 500.000 millones de euros para liderar la transición energética global.
Corea del Sur, devastada por guerras y ocupaciones, apostó desde los años 60 por la educación y la investigación. El Estado invirtió, diseñó políticas y acompañó el crecimiento de empresas como Samsung y Hyundai, priorizando el bienestar de toda la población.
Si de verdad se quiere que Argentina se parezca a esas naciones, el camino no empieza por cerrar universidades, desfinanciar la ciencia o atacar al sistema educativo. La ruta que se está tomando no lleva al desarrollo: conduce directo al atraso.
Convendría revisar el espejo. Porque el que está usando, claramente, está roto.