La tecnología que empieza a transformar la vida en las ciudades
El Smart City Expo World Congress mostró una nueva etapa en la transformación de las ciudades: tecnologías que dejaron de ser promesas para convertirse en soluciones concretas. Innovación, robótica y gobiernos que buscan respuestas a los desafíos urbanos.
Recorrer una nueva edición del Smart City Expo World Congress permite comprobar algo que impresiona incluso a quienes venimos siguiendo de cerca la evolución de estas tecnologías: la velocidad con la que están cambiando las soluciones para las ciudades. Cada año encontramos desarrollos más sofisticados, más precisos y, sobre todo, más cercanos a su aplicación concreta.
Hay una diferencia importante respecto de las ediciones anteriores. Antes, buena parte de lo que veíamos eran proyectos, prototipos o promesas de lo que podría hacerse en el futuro. Hoy encontramos tecnologías que ya están funcionando, que tienen experiencias de implementación y que pueden mostrar resultados. Y eso cambia completamente la conversación.
Vimos, por ejemplo, soluciones de semáforos inteligentes desarrolladas por una empresa argentino-paraguaya que ya tiene implementaciones en Mendoza y está ampliando su alcance. Es uno de esos casos que vale la pena destacar porque demuestra que la innovación no es patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones tecnológicas ni de los países más desarrollados. También hay empresas de nuestra región produciendo tecnología competitiva, capaz de resolver problemas concretos de las ciudades.
Otra de las cosas que más impacta es el nivel de desarrollo que están alcanzando los emprendimientos tecnológicos. Hay empresas pequeñas, equipos reducidos, que presentan soluciones extraordinariamente sofisticadas. Se nota una evolución no solamente en las capacidades técnicas, sino también en los movimientos, las interfaces, la precisión y la facilidad de uso de los dispositivos. Cada edición permite ver cómo aquello que parecía complejo o experimental empieza a convertirse en una herramienta cada vez más accesible.
La robótica es probablemente una de las expresiones más visibles de ese avance. Los movimientos son cada vez más naturales, las capacidades se multiplican y las aplicaciones posibles se extienden a actividades que hace pocos años parecían reservadas a la ciencia ficción. Pero lo más interesante no es quedarse mirando un robot. Es entender qué problema puede resolver, dónde puede utilizarse y qué beneficios concretos puede aportar.
Y ahí aparece, para mí, una de las imágenes más importantes de esta Expo: la cantidad de funcionarios, representantes de gobiernos y equipos técnicos que recorren los stands, conversan con los desarrolladores, preguntan, comparan experiencias y buscan soluciones para sus ciudades.
Es extraordinario ver ese encuentro entre el mundo de los emprendedores y las empresas privadas, que desarrollan tecnologías, y los Estados, que tienen la responsabilidad de gestionar problemas cotidianos. De un lado hay conocimiento, creatividad y capacidad de innovación. Del otro, necesidades concretas, experiencia territorial y decisiones públicas que pueden transformar esas herramientas en mejores servicios.
Estamos hablando de aplicaciones para la seguridad ciudadana, el cuidado del ambiente, la administración del agua, la movilidad, la planificación urbana y la atención de las personas. Tecnologías que permiten anticipar situaciones, utilizar mejor los recursos y hacer más sencillas actividades que forman parte de nuestra vida cotidiana.
También resulta impactante observar cómo distintos países presentan sus desarrollos. Japón, por ejemplo, exhibe una capacidad tecnológica extraordinaria, con herramientas de visualización y simulación que permiten recorrer ciudades en 360 grados y proyectar distintas formas de organización urbana. Son experiencias que muestran hasta dónde puede llegar la planificación cuando se combinan información, tecnología y una mirada de largo plazo.
Pero más allá de los dispositivos, las pantallas y las demostraciones, lo que me llevo de esta edición es una impresión muy clara: estamos viendo una nueva etapa de la transformación digital de las ciudades.
La tecnología avanza a una velocidad impresionante, pero también está cambiando la manera en que los gobiernos se relacionan con ella. Ya no se trata solamente de conocer las últimas novedades. Se trata de identificar cuáles pueden servir, cómo incorporarlas y qué experiencias de otras ciudades pueden adaptarse a cada realidad.
Para quienes venimos de Sudamérica, estos encuentros tienen además un valor especial. Nos permiten conocer desarrollos de todo el mundo, mostrar lo que estamos haciendo en nuestra región y comprobar que también tenemos capacidades para participar de esta transformación.
Me entusiasma especialmente ver que la innovación no se concentra únicamente en grandes empresas. Hay emprendedores, equipos pequeños y desarrolladores que encuentran respuestas a problemas muy específicos. Y hay gobiernos interesados en escucharlos.
Ese encuentro es, quizás, lo más valioso del Smart City Expo. Porque una tecnología puede ser extraordinaria, pero su verdadero sentido aparece cuando encuentra una necesidad concreta y contribuye a resolverla.
Después de recorrer esta edición, me queda la sensación de que el futuro de las ciudades ya no se muestra solamente en proyectos. Está empezando a verse en soluciones que funcionan. Y lo más interesante es comprobar que cada vez hay más gobiernos dispuestos a conocerlas, aprender y llevarlas a la práctica.
Max Delupi
Instituto de Innovación Digital + CiudadanIA