Buscar apoyo emocional en un chatbot puede no producir el efecto esperado. Un estudio realizado por investigadores de Stanford sobre usuarios de Character.AI encontró que las personas con círculos sociales pequeños que utilizaban intensamente estos sistemas como fuente de compañía tendían a reportar menor bienestar y mayores niveles de soledad. La investigación, publicada en Nature Human Behaviour, analizó encuestas de 1.131 usuarios de la plataforma y, en 244 casos, también contó con los historiales completos de sus conversaciones.

Una de las diferencias más llamativas apareció entre lo que los participantes decían buscar y la manera en que realmente utilizaban los chatbots. Menos del 12% señaló la compañía como su principal motivación, mientras que más de la mitad describió a la IA con términos como “amigo”, “compañero” o “pareja romántica”. Además, más del 80% de las conversaciones donadas giraban en torno a pedidos de apoyo emocional o social. Los investigadores también analizaron la frecuencia de uso, la disposición a compartir información sensible y el tamaño de las redes de apoyo fuera de internet.

Los resultados no fueron iguales para todos. Algunas personas que usaban intensamente estos sistemas y consideraban la experiencia significativa mostraban buenos niveles de bienestar. La asociación negativa apareció con mayor fuerza entre quienes tenían pocos vínculos humanos cercanos y recurrían a la IA principalmente para obtener compañía. También se observó que los usuarios más dispuestos a revelar problemas personales, consumo de sustancias o pensamientos suicidas tendían a registrar un menor bienestar. Los autores remarcan que se trata de una correlación, por lo que el estudio no permite concluir que los chatbots sean la causa directa de ese deterioro.

El equipo utiliza una metáfora para explicar el problema: los compañeros de IA pueden funcionar como una especie de “snack social” o comida chatarra emocional, capaz de ofrecer alivio inmediato sin reproducir los elementos que sostienen una relación humana a largo plazo. A diferencia de una persona, un chatbot no comparte experiencias propias de manera genuina ni necesariamente reconoce cuándo una conversación requiere otro tipo de ayuda; al mismo tiempo, estos sistemas suelen estar diseñados para prolongar la interacción. Los investigadores estudian ahora posibles medidas como límites de uso o mecanismos que deriven a los usuarios hacia apoyo humano cuando aparezcan señales de vulnerabilidad, mientras advierten que la conveniencia de una relación artificial no debería confundirse con un reemplazo equivalente de los vínculos sociales.