Cumbre Mundial del Encuentro
“El progreso que no beneficia a todos no es progreso”. “No solo hay que educar para la inteligencia, sino también para la sabiduría”. “La IA debe ser patrimonio de la humanidad”.
Son algunas de las ideas que atravesaron los tres días de la Cumbre Mundial del Encuentro, donde una discusión estuvo en el centro: cómo alinear el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial con el desarrollo humano integral.
En un mundo en el que buena parte de la innovación está guiada por la eficiencia y la rentabilidad, hablar de desarrollo humano, equidad o bien común puede parecer ingenuo. Sin embargo, detrás de esas ideas hay una posición concreta: no resignarse a que el rumbo de la tecnología esté definido exclusivamente por intereses económicos.
La innovación tecnológica necesita principios éticos que permitan aprovechar todo su potencial sin perder de vista a las personas.
Pero quizás una de las partes más interesantes del encuentro estuvo fuera de las grandes declaraciones. Durante la cumbre se presentaron experiencias concretas que ya utilizan inteligencia artificial para cuidar la salud, mejorar la educación, proteger la dignidad del trabajo y preservar identidades y culturas.
Casos que muestran que la discusión sobre el futuro de la IA no pasa solamente por cuánto puede avanzar la tecnología, sino también por cómo distribuir sus beneficios y utilizar su potencia para promover la inclusión y reducir desigualdades.
La inteligencia artificial puede transformar el mundo. El desafío es lograr que esa transformación no deje a nadie afuera.