La ONU advierte que el crecimiento de la IA puede agravar la crisis ambiental
Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial está aumentando la demanda de energía, agua, tierras e infraestructura, con impactos ambientales y desigualdades globales cada vez más visibles.
La expansión de la inteligencia artificial está generando una presión creciente sobre recursos naturales clave como la energía, el agua y el suelo. Así lo advierte un informe del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, que analiza el costo ambiental de la IA más allá de las emisiones de carbono asociadas a su consumo eléctrico.
El documento señala que la infraestructura necesaria para sostener esta tecnología incluye centros de datos, microchips, sistemas de refrigeración, redes eléctricas, minerales críticos y cadenas de suministro que también generan residuos electrónicos. Según el informe, los centros de datos podrían consumir alrededor de 448 teravatios-hora de electricidad en 2025, un nivel comparable al consumo energético de países como Francia.
La investigación también advierte sobre el impacto hídrico de la inteligencia artificial. Para 2030, los centros de datos podrían utilizar cerca de 9,3 billones de litros de agua, especialmente para refrigeración, lo que podría afectar acuíferos y ríos en regiones con estrés hídrico. A esto se suma la posible generación de hasta 2,5 millones de toneladas métricas de residuos electrónicos por año hacia el final de la década.
El informe plantea que la sostenibilidad de la IA dependerá de decisiones concretas de gobiernos, empresas tecnológicas y operadores de centros de datos. Entre sus recomendaciones aparecen incorporar la infraestructura digital en la planificación energética y territorial, exigir reportes estandarizados sobre huellas ambientales, mejorar la eficiencia desde el diseño y garantizar mayor cooperación internacional para evitar que los beneficios de la IA se concentren en pocos países mientras sus costos ambientales recaen sobre otros territorios.