IA generativa bajo la lupa: detectan sesgos invisibles contra adultos mayores

Un estudio internacional liderado por la Universidad de L’Aquila y la UOC revela que los chatbots de inteligencia artificial muestran mayor cuidado frente al sexismo que frente al edadismo, reproduciendo estereotipos que impactan en cómo se representa a distintos grupos en el entorno digital.

La inteligencia artificial generativa no es neutral. Un estudio liderado por la Universidad de L’Aquila (Italia), con participación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), pone en evidencia que los chatbots reproducen sesgos sociales existentes, con una diferencia clave: evitan caer en estereotipos de género, aunque siguen replicando prejuicios asociados a la edad. La investigación, publicada en la revista Big Data & Society, analiza cómo estas herramientas construyen respuestas y qué tipo de representaciones proyectan sobre distintos grupos sociales.

A partir de entrevistas realizadas a cinco chatbots populares, los investigadores identificaron un “doble estándar”. Por un lado, los sistemas muestran cautela frente al sexismo, incorporando respuestas políticamente correctas o evitando asignar género. Por otro, esa precaución desaparece cuando se trata de la edad: los modelos asignan sin reparos categorías como “jóvenes” o “adultos mayores” basándose en estereotipos sobre el uso de la tecnología.

El estudio también detecta una segunda dimensión del problema: la forma en que la IA describe sus propias funciones varía según el usuario. Mientras que a los jóvenes se los asocia con creatividad, innovación o entretenimiento, a los adultos mayores se los vincula con asistencia, simplificación o ayuda básica. Esta diferencia en el lenguaje no es menor: revela cómo los sistemas organizan la información a partir de imaginarios sociales que ubican a unos como protagonistas activos y a otros como sujetos pasivos.

Los resultados abren un debate más amplio sobre el rol de la inteligencia artificial como “espejo” de la sociedad. Los chatbots no crean estos sesgos desde cero, los aprenden de los datos con los que fueron entrenados y de las prácticas culturales que los rodean. La investigación advierte que, sin una revisión crítica, estos sistemas pueden reforzar desigualdades existentes y consolidar formas de discriminación más sutiles, especialmente en ámbitos donde la sensibilidad social aún es limitada, como el edadismo.

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