El día en el que todo empezó a cambiar
El 30 de noviembre de 2022, OpenAI presentó ChatGPT y marcó el inicio de una nueva etapa tecnológica. Hasta ese momento, la inteligencia artificial parecía un desarrollo lejano, casi de ciencia ficción, pese a estar presente en múltiples aplicaciones cotidianas. Con la irrupción de los modelos generativos, la IA dio un salto de escala que transformó tanto su enfoque como su uso.
Por un lado, la tecnología comenzó a generar contenido —texto, imágenes y videos— de manera accesible y masiva. Por otro, dejó de ser un territorio reservado para especialistas y pasó a estar al alcance de millones de personas. El crecimiento fue inédito: un millón de usuarios en cinco días, 100 millones en dos meses y, hoy, cerca de 500 millones de personas que realizan más de mil millones de consultas diarias.
En apenas tres años, la IA generativa modificó la forma de trabajar, aprender, informarse y vincularse. Sus beneficios son evidentes, pero también lo son sus riesgos: pérdida de empleos, mayor concentración tecnológica, ampliación de desigualdades y expansión de desinformación y contenidos manipulados. Todo esto en un contexto global donde la injerencia sobre los procesos democráticos y la soberanía de los Estados se vuelve una preocupación creciente.
A tres años de aquel lanzamiento, la IA generativa sigue reconfigurando el modo en que habitamos el mundo. Y el debate sobre su impacto recién empieza.