Oid mortales.
Algunos aseguran que la primera persona que vivirá 150 años… ya nació. Puede parecer ciencia ficción, pero la biotecnología, la genética y la inteligencia artificial avanzada están dando forma a una idea real: la del ser humano inmortal.
Este paradigma forma parte del transhumanismo, una corriente filosófica que propone superar los límites biológicos de nuestra especie: eliminar enfermedades, detener el envejecimiento, digitalizar la mente. En definitiva, dejar de ser humanos para convertirnos en otra cosa.
Pero cuando la tecnología se convierte en promesa mesiánica, vale la pena preguntarse: ¿quién impone las prioridades de esa innovación? ¿Quiénes deciden, y quiénes quedan afuera?
El debate sobre la inmortalidad —y todo lo que implica— no puede quedar en manos de un puñado de fanáticos de la tecnología. Porque cuando la muerte deja de ser un horizonte, todo cambia: la forma en que vivimos, trabajamos, nos relacionamos… y también cómo organizamos el mundo.
Más que nunca, necesitamos ponerle inteligencia humana al desarrollo para que el futuro no sea solo artificial.